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Para disfrutar de un baño seguro en la piscina hay que tomar algunas medidas preventivas. Esto es especialmente necesario cuando se tiene niños en casa; sin embargo, la seguridad también es importante para hacer del momento en la piscina algo placentero para los adultos del hogar.

A continuación, te contamos algunos de los consejos para disfrutar de la piscina con seguridad este verano y no correr ningún riesgo en el intento.

¿Qué hay que tener presente para disfrutar de un baño seguro en la piscina?

Aunque no lo parezca, bañarse en una piscina tiene algunos riesgos que puedes evitar siguiendo algunos de los consejos que te dejamos en nuestra selección. Estos son:

La higiene es fundamental para el baño seguro

Un consejo muy útil para bañarte con seguridad en la piscina es tener una higiene impecable. Antes de entrar a la piscina, es necesario darse una buena ducha. De esta forma, se disminuye notoriamente las probabilidades de infectar o contraer infecciones urinarias en la piscina.

Otra recomendación es no permanecer durante mucho tiempo con el bañador mojado, ya que puede generar humedad y con ello propiciar la aparición de hongos o bacterias como la Escherichia coli, principal causante de la cistitis.

Además, otra medida de prevención e higiene es utilizar tapones de oídos y gorros para disminuir las probabilidades de contraer infecciones como la otitis externa. Procura limpiarlos bien una vez los hayas utilizado con alcohol o lavarlos con agua tibia.

No corras en los bordes de la piscina

Algunos de los riesgos en la piscina más habituales se dan al estar cerca de los bordes. Muchas veces el agua se acumula en ellos y hace de la superficie un auténtico peligro especialmente si se corre cerca de ellos. Esto puede derivar no solo en lesiones, sino en posibles ahogamientos en caso de resbalar, golpearse y caer dentro de la piscina. Evítalo a toda costa y vigila que los pequeños de la casa no lo hagan.

Entra poco a poco al agua

Otra forma de eliminar los peligros en la piscina es entrando al agua de forma progresiva. Esto puede ayudarnos a prevenir el síndrome de hidrocución conocido como corte de digestión. Este problema consiste en un shock ocasionado por el cambio brusco de temperatura que sucede cuando entramos al agua de golpe.

Una forma de evitarlo es entrar suavemente a la piscina y asegurarnos que los pequeños lo hagan de la misma forma cuando vayan a adentrarse esa primera vez al agua. ¡Los chapuzones son divertidos, pero tras la primera inmersión!

Evita zambullirte en la piscina si no conoces su profundidad

Siguiendo con el punto anterior, una piscina segura es aquella que está preparada para que los usuarios estén cómodos y seguros en ella. Esto significa que no todas las piscinas están pensadas para tirarnos de cabeza.

Existen piscinas pensadas para ello, como las deportivas. Sin embargo, las piscinas de casa habitualmente no están concebidas para este fin, por lo que desaconsejamos esta práctica en casa.

Una de las causas más frecuentes de ahogamientos en piscinas se debe a las lesiones ocasionadas por esta práctica. Antes de realizarla, asegúrate de comprobar la profundidad de la piscina y si es adecuado hacerlo. ¡Prevenir es de sabios!

Usa dispositivos de seguridad y vigila siempre a los niños

Si quieres disminuir riesgos en la piscina procura utilizar dispositivos de seguridad como salvavidas, que estén acordes a la edad y peso del niño. Flotadores o alarmas para piscinas son alternativas ideales.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que aunque los más pequeños sepan nadar, descuidarse durante un par de minutos podría tener consecuencias fatales.

Realiza mantenimiento periódico a tu piscina para un baño seguro

Para disfrutar de la piscina con seguridad hay que hacerle el debido mantenimiento periódico. En lugares calurosos o en verano, es recomendable realizarlo una o dos veces por semana. En lugares fríos o en temporada de invierno, el tiempo recomendado es de 1 vez por semana o cada quince días.

El mantenimiento periódico consiste en la revisión de los siguientes aspectos:

  • Químicos: hay que comprobar que el pH y el cloro de nuestra piscina estén en un nivel adecuado. Esto se puede determinar con un kit analizador de cloro y pH que puedes adquirir en tiendas especializadas o con tu propia compañía de limpieza.
  • Aplicar alguicida y abrillantador regularmente, cada quince días.
  • Realizar retrolavado al filtro de la piscina.
  • Aspirar y cepillar la piscina.
  • Retirar cualquier objeto que esté flotando en el agua utilizando una red para hacerlo.
  • En caso de tener un clorador salino, utilizarlo durante 8 horas cada vez que se limpie la piscina.

De esta forma se disminuyen las probabilidades de sufrir enfermedades derivadas del poco o nulo mantenimiento del agua de la piscina, como irritación, otitis externa, intoxicación, etc.

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